sábado, 7 de octubre de 2023

Podemos evitar el colapso. Si le echamos agallas

La industria del tabaco lo sabía y lo ocultó durante décadas: el tabaco provoca cáncer. Algunas de estas grandes empresas, particularmente en Estados Unidos, fueron condenadas a pagar indemnizaciones mil millonarias y aún hoy siguen en curso numerosos pleitos. Los ejecutivos de estas empresas, los que tomaban decisiones en favor del consumo de tabaco, nunca fueron a la cárcel como hubiera correspondido con quien tiene un comportamiento criminal.

Hago esta referencia al consumo de tabaco y sus consecuencias y al hecho de que alguien orienta y ejecuta lo que se hace y lo que no (y no una entidad impersonal que opera por inercia y sin intención) porque hoy ya tenemos elementos de juicio suficientes para saber que se han tomado y se siguen tomando decisiones en materia medioambiental que son, sin lugar a dudas, perjudiciales para el planeta y para quienes lo habitamos. Son empresas y los ejecutivos que las dirigen, con denominación social y nombres y apellidos conocidos, los responsables de esta situación y, como en el caso del tabaco, deben ser considerados criminales porque sus decisiones tienden a perpetuar un estado de cosas que amenaza no solo la salud sino la pervivencia misma de la Humanidad. A ellos se unen otros actores en los medios de comunicación, en la política (sorprendente, por citar solo un ejemplo, el de los Verdes alemanes que se han tornado casi pardos desde hace ya tiempo) en las finanzas, en las administraciones de justicia, etc que tienen igualmente distinto grado de responsabilidad y que tampoco son entidades de razón incorpóreas. Son criminales y, puesto que conocen la naturaleza de sus decisiones desde hace años, sus crímenes son premeditados.

Sí, se han dado casos de condenas por delitos medioambientales, pero se circunscriben a episodios concretos e, incluso en tales casos, el castigo dista mucho de ser proporcional. En nuestro país, por ejemplo, la sueca Boliden fue eximida por un juzgado de Sevilla en julio de este año de pagar los 89 millones de euros que costó limpiar la zona contaminada por el vertido de la balsa de residuos de Aznalcollar, incidente que ocurrió hace ya 25 años; por supuesto, nos suenan de nada los nombres de los ejecutivos que fueron negligentes o culposos y cuya conducta provocó el desastre. Nunca se depuraron responsabilidades políticas en el caso del petrolero Prestige y, que yo recuerde, tan solo el capitán del barco acabó en prisión. Los daños que produjeron el superpetrolero Exxon Valdés en Alaska o la plataforma de extracción de crudo Deepwater Horizon en el Golfo de México nunca fueron suficientemente reparados; los directivos de ambas empresas siguen en sus puestos o en otros similares. Todos estos son episodios muy llamativos,sí; son, por así decir, solo la punta del iceberg. Hoy ya es conocido el daño que están produciendo la desforestación y los monocultivos industriales, el uso excesivo de fertilizantes químicos y plaguicidas en la agricultura, la ganadería intensiva y sus emisiones de gases de efecto invernadero, las actividades extractivas de todo tipo en busca de materias primas, etc. Sí, hay un sistema que es el sustrato que explica todo esto (y a eso iremos enseguida) pero conviene no olvidar nunca, reitero, que las decisiones las toman personas y sus motivaciones no son en modo alguno, el interés general; saben lo que hacen y podrían negarse a hacerlo. Hoy la emergencia climática ha dejado de ser algo abstracto, algo que no nos alcanza más allá de las molestias de una ola de calor o una inundación puntual; no, ya está costando vidas y debemos de tomar conciencia de que los responsables, por muy alejados que estén sus despachos de allí donde tiene lugar un auténtico genocidio climático, deben parar y pagar por sus crímenes. El tabaco mata personas, el sistema que degrada el planeta mata cualquier clase de vida, incluida la nuestra.

Reparemos en la estructura de las empresas tal como las conocemos y en como se generan espacios de impunidad. “...los propietarios se esconden detrás de sus ejecutivos y éstos se parapetan tras el deber de atender al interés de los accionistas” (David Lizoain Crímen Climático (Debate 2023) Y cuando todos son responsables nadie lo es.

En el Suplemento Ideas del diario El País del pasado 24 de septiembre hay una entrevista a Wendy Brow autora de Tiempos nihilistas. Pensando con Max Weber (Lengua de Trapo 2023) en la que afirma que no nos tomamos suficientemente en serio la crisis climática y que no cree que “...el pensamiento apocalíptico esté fuera de lugar. Ahora bien, cuando éste impide la acción se convierte en un problema” No volveré a aludir a Brow porque sus intereses están en una clave distinta a la que quiero traer aquí a colación. Pero esa referencia al Armagedon paralizante recuerda por oposición a la idea del “miedo creativo” que Karl Jasper acuñó allá por los años 60 y es lo mismo que explica David Lizoain (op.cit) cuando recuerda las palabras de Walter Benjamin: “Solo se da esperanza a quienes no la tienen” Apostilla Lizoain: “La esperanza es lo que puede motivar la lucha necesaria, aunque haya innumerables motivos para el pesimismo”

La esperanza. Ciertamente es muy necesaria porque cuando uno lee sobre estas materias siempre está al borde del nihilismo y hasta de la depresión.

Cuestión de orden: lo he escrito muchas veces y desde hace tiempo (no es especialmente original, por otra parte): nuestros retos como sociedad planetaria son tres y son indisociables, bien harían quienes se dicen a sí mismos progresistas o de izquierdas y desarrollan sus tareas en cualquier ámbito, hacerlos suyos porque nadie más lo hará salvo, tal vez, con la urgencia de quién se ve al borde del abismo, en cuyo caso sin duda ya será demasiado tarde. Puede que incluso asumirlo así sirva de aguja de marear para quienes, sinceramente, estén preocupados por valores como la justicia, la solidaridad etc y no terminen de encontrar un marco ideológico de referencia, tal vez esa izquierda que amenudo se lamenta por los rincones de andar como pollo sin cabeza, encuentre en todo esto ese marco, esa causa global; urge definirse porque tal vez estemos ante la última oportunidad. Esos retos son la lucha contra el calentamiento global y la sostenibilidad, la migración y la reducción de la desigualdad en todos los órdenes de la vida.

Pero vayamos poniendo los puntos sobre las íes. Y, para eso, sugiero recurrir a Jason Hickel, autor de Menos es Más.Cómo el decrecimiento salvará al mundo (Capitán Swing 2023) una obra en mi opinión extraordinaria que ofrece puntos de vista en los que yo, tal vez algo maleado por ciertos academicismos o lugares comunes no había reparado.

Antes una recomendación, digamos colateral: Capitán Swing acaba de publicar La supervivencia de los más ricos. Fantasías escapistas de los millonarios tecnológicos, de Douglas Rushkoff. Los muy ricos estarían lucubrando acerca de cómo ponerse a salvo de lo que llaman el evento (el desastre climático) en una suerte de arca de Noé. A mi juicio -y al de Rushkoff- no es más que un delirio pues no hay otra forma de escapar del Apocalipsis que si acaso empeñarse evitarlo y eso es para todos. Pero sí que explica el libro cómo esa gente sabe que los de su clase son los responsables de la catástrofe que a cámara lenta ya está sucediendo y que su interés por lo que no sea otra cosa que salvar su propio culo es nula. Qué debemos hacer los demás con ellos parece claro; nos jugamos nada menos que la supervivencia. Y recuerden siempre el cuento de la rana y el agua caliente porque la rana somos nosotros, no ellos.

Hay mucha literatura solvente sobre todo esto. Nadie que verdaderamente esté interesado podrá decir que no tiene fuentes a las que acudir en busca de información seria y contrastada. En este artículo me he limitado a reseñar algunas de las aportaciones editoriales recientes que me han parecido más significativas.

Algunas afirmaciones que casi diríamos categóricas:

- La crisis climática como consecuencia del calentamiento es una parte del problema. Pero lo que ya está ocurriendo de forma acelerada es el colapso de múltiples sistemas interrelacionados; por ejemplo: la desaparición de numerosas especies de insectos (no solo las abejas) afecta a la polinización y, por tanto, a la diversidad vegetal y a la salud de buena parte de los cultivos tradicionales; la deforestación puede hacer que determinados virus salten a los humanos al perderse el hábitat de animales huesped. Etc.

- No esperemos un cataclismo. Las extinciones en el planeta no se han producido como consecuencia inmediata de un impacto externo inevitable (un volcán, un meteorito...) sino por los efectos concatenados que tal acontecimiento tienen. No, en esta ocasión sucederá poco a poco si no tomamos medidas mucho más rápido de lo que los Estados (porque han de ser los Estados; la industria y el poder económico no lo harán como enseguida veremos) parecen dispuestos. Decimos, “bien, iremos paliando las consecuencias de los fenómenos metereológicos extremos o de las extinciones (si no hay abejas, polinizaremos con maquinaria o a mano) y tomaremos medidas drásticas cuando alcancemos un nivel de gravedad insoportable” Solo es que el dato definitivo no llegará como tal nunca; está llegando desde hace décadas. Escribe Hickel en la obra antes mencionada: “Las generaciones futuras volverán la vista atrás y se asombrarán de que supiéramos exactamente lo que estaba ocurriendo y aún así no solucionáramos el problema”

- El crecimiento es la razón de ser del capitalismo. No pueden existir el uno sin el otro. Pero en biología crecer indefinidamente suele ser una malfunción; cuando algunas células crecen indebidamente y en exceso, es por un error de codificación y le llamamos cáncer. Y suponer que es posible el crecimiento económico indefinido en un mundo cuyos recursos de cualquier tipo son limitados, resulta absurdo. Sencillo de entender. Y, sin embargo, el crecentismo -el crecimiento por el crecimiento mismo y no para la satisfacción de necesidades; el valor de cambio abstracto sustituye al valor de uso, concreto) es una especie de ley de hierro que nadie cuestiona y a la que se pliegan sin rechistar políticos de derecha y de izquierda: “si no hay crecimiento entramos en recesión y entonces la sociedad sufre” dicen. Pero las preguntas adecuadas quizás sean tan simples como ¿Crecer en qué, para qué y hasta donde?

Estas cuestiones apenas enunciadas aquí están desarrolladas con extraordinaria lucidez en el libro de Jason Hickel, cuya descripción del capitalismo desmontando el mito tan extendido y aceptado de que es el resultado de un proceso natural, gradual e inevitable a lo largo de la historia, es sencillamente magistral. No, el capitalismo se impuso desde sus orígenes en la desposesión de la tierra, el colonialismo y la especulación financiera por citar solo tres hitos, “gracias al uso sistemático y organizado de la violencia, el empobrecimiento masivo de las mayorías y la destrucción de las economías de subsistencia autosuficientes” Si consideramos que desde muy antiguo las corrientes dominantes del pensamiento (Hobbes, Bacon, Descartes…) han concebido el mundo como una especie de entidad inerte en la que estamos nosotros y todo lo demás, incluidos los demás seres vivos, son objetos que podemos extraer y desechar o criaturas a las que podemos (y debemos) someter y utilizar en nuestro servicio, el círculo se cierra y “Desde sus principios más básicos, el capitalismo se ha declarado en guerra con la vida misma”. O, como reza la cita de Murray Bookchin que incluye Hickel al comienzo del capitulo dos del libro al que me vengo refiriendo: “Intentar persuadir al capitalismo de que limite el crecimiento es como intentar persuadir a un ser humano de que deje de respirar”

Les va a parecer sorprendente: no solo es que sea fácil entender el absurdo del crecimiento ilimitado, es que si a la gente corriente se le pone ante el disparadero de tener que elegir entre el crecimiento económico y la conservación del planeta, elige siempre en sus respuestas lo segundo. Hay muchos estudios demoscópicos al respecto que muestran lo que digo. ¿Entonces por qué nos dejamos ir? ¿por qué la gente común no nos organizamos para intentar parar este sin sentido. La historia de la humanidad no es tan antigua y cuando nos hacemos esa clase de preguntas tenemos que acudir a las corrientes de pensamiento dominantes. Algo de eso he mencionado ya pero extendernos nos llevaría demasiado lejos y no es del caso alargar este comentario. Un par de recomendaciones si quieren encontrar algunas explicaciones aunque el resumen sea algo bien simple: no lo hacemos porque percibimos el clima y sus efectos como algo externo a nosotros, ajeno, separado de nuestra existencia. En La edad de la Penumbra de Catherine Nixey (Taurus 2017) encontrarán una explicación sencilla pero rigurosa sobre como el Cristianismo destruyó el Mundo Clásico y de qué modo no sólo aquél sino también todas las religiones del Libro han arrasado con lo que genéricamente llamaremos animimismo. Y en “Pluriverso. Diccionario del posdesarrollo” (Icaria 2019) una extraordinaria obra colectiva que ya he recomendado alguna vez en este blog, podrán recuperar trazas de lo que fueron civilizaciones muy distintas a la nuestra y de las cuales aún quedan vestigios. A mi me parece que ambas obras dibujan precedentes que calan en la conciencia colectiva, están el origen y han venido modelando nuestro modo de ser como especie. Y pudo ser de otro modo. Y puede que aún estemos a tiempo de cambiar, al cabo y, visto lo visto, sólo sería para bien.

Una palabra sobre algo en voga: el crecimiento verde. No les crean. Eso no existe. Ya ni siquiera es importante concluir que debemos reducir el uso de combustibles fósiles, sin duda responsables en alto grado de la emisión de CO2. Claro que hay que hacerlo, pero es que aunque no quisiéramos nos vendrá dado, porque el crudo y el gas (eso que la UE en un ejercicio de cinismo ridículo considera “verde”) se agotan inevitablemente hagamos lo que hagamos. Si quieren imponerse bien al respecto, lean a Antonio Turiel (Petrocalipsis, Alfabeto 2022 y Sin energía, misma editorial 2023) Ni siquiera la energía nuclear (la de fusión es aún casi una quimera) podrá suplir el desfase entre las necesidades de la Humanidad y la capacidad de respuesta en el corto y medio plazo de las fuentes de energía renovables. Y recurrir de nuevo al carbón como está haciendo Alemania no es más que acelerar el suicidio. Añadan a todo esto que algunas de las propuestas como es el coche eléctrico y otras tecnologías novedosas precisan de materiales cuya extracción y procesado tiene efectos que las hacen como poco dudosamente sostenibles, sin contar con los efectos colaterales muy destructivos de un comercio, el de las materias primas, que deja en mantillas la maldad del tráfico de seres humanos pongamos por caso; de nuevo una recomendación: el estupendo trabajo de Javier Blas y Jack Farchy, dos periodistas de Blooberg, El mundo está en venta. La cara oculta del negocio de las materias primas. Península 2022.

Escribe Jason Hickel (op.cit): “La idea principal que hay que comprender es que, aunque es posible llevar a cabo una transición a un cien por cien de energía procedente de fuentes renovables, no podemos hacerlo con la suficiente rapidez para mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 o 2 grados si seguimos haciendo crecer la economía mundial al ritmo actual...los defensores del crecimiento verde enseguida tienen una respuesta para esto: disociamos el crecimiento del PIB del uso de recursos y ya estáTal vez les parezca insólito, pero esta medida cosmética infantiloide se baraja en los cenáculos del poder, al fin y al cabo se parece a eso de declarar el gas y la nuclear energías verdes que antes mencioné: nos contamos un cuento a nosotros mismos, metemos la cabeza bajo el ala y que Dios reparta suerte.

Sorpresa: nos han estado mintiendo mucho y todo el tiempo. Thomas Piketty, La quimera de la ecología centrista en Viva el socialismo Crónicas 2016-2020. Deusto 2021: “La drástica reducción del poder adquisitivo de los más ricos tendría en sí misma, un impacto sustancial en la reducción de las emisiones mundiales” De ahí a deducir que “...reducir la desigualdad, invertir en bienes públicos universales y repartir los ingresos y las oportunidades de manera más justa funciona” “Se trata de organizar la economía en torno a las necesidades de los seres humanos y a la ecología y no al revés” “Las grandes fortunas no se ganan, se extraen: de los trabajadores mal pagados, de la naturaleza de bajo coste, de las rentas, del secuestro político, etc. La riqueza extrema tiene un efecto corrosivo en nuestra sociedad, en nuestro sistema político y en el mundo viviente” (Hickel op.cit)

Termino ya. Dejen que lo haga con una recomendación más: esta es un auténtico regalo que pueden hacerse a ustedes mismos y hacérselo a los suyos; no se equivocarán. Saúl Alvídrez, un activista y documentalista mexicano trabajó durante mucho tiempo en la realización de un documental que mostraría una extensa conversación entre Noa Chomsky y Pepe Mujica. Hasta ahora no ha conseguido financiación para terminarlo. Pero el resultado de esa tarea es hoy Sobreviviendo al siglo XXI Chomsky y Mujica un libro que acaba de publicar Debate. Al comienzo de esta obra Alvídrez refiere una anécdota ocurrida en Bolivia que le llevó a conocer una parábola, la Profecía del Águila y el Cóndor. Es la que sigue:

Cuentan los sabios del norte y del sur de América, chamanes y ancianos venerables, que al principio de los tiempos la humanidad vivía unida y en armonía con su entorno, pero llegó el día en que este grupo se dividió en dos: el Pueblo del Águila y el Pueblo del Cóndor. La gente del Águila, orientada principalmente a lo racional y la energía masculina, sería seducida por el intelecto y el mundo material, con lo que alcanzaría formidables proezas técnicas que permitirían a sus líderes acumular un inmenso poder. Mientras tanto, más sensible y más en sintonía con la energía femenina, la gente del Cóndor se apegaría a sus sentidos, al espíritu y a su relación con el mundo natural, lo cual implicaría una franca desventaja frente a la gente del Águila que dominaría el mundo. Sin embargo, este desequilibrio amenazaría finalmente la existencia de ambos pueblos. Y, tras muchos siglos de espera, ha llegado el momento en que el Águila y el Cóndor vuelen juntos de nuevo. De ese vuelo nacerá otra humanidad, una capaz de sobrevivir el nuevo ciclo: la humanidad del Quetzal”

Intenten ser felices pero no bajen la guardia y no olviden esta frase atribuida a un pescador colombiano: “No somos del defensores del río. Somos el río”

Juan A. Cabrera


Juan A. Cabrera

lunes, 29 de noviembre de 2021

La Ley de Protección y Derechos de los Animales en trámite

 


Estos días circula entre distintas asociaciones y particulares relacionados con la protección animal un escrito en el que se insta al Gobierno a acelerar la tramitación parlamentaria de la llamada Ley de Protección y Derechos de los Animales. Ya les digo que, como dicta el sentido común, una Ley de esta naturaleza resulta extraña en un país en donde existe la Tauromaquia y otras formas de tortura, así como distintas modalidades de caza de la fauna salvaje a cual más edificante. Por ejemplo, el Artículo 1.3 del Borrador del Anteproyecto de Ley remite a una Ley específica sobre los Toros que es de 1991 y que considera la lidia y sus excrecencias como manifestaciones culturales genuinas. 

La verdad es que si uno se pone a espigar el texto en tramitación encuentra que será un verdadero esfuerzo para el Derecho cuadrar círculos; para muestra un botón: el apartado “j” del artículo 2 del Anteproyecto define el “bienestar animal” como “...estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en que vive y muere, en los términos definidos por la Organización Mundial de Sanidad Animal (OiE)” ¿Y cómo lo define la OiE? No esperen claridad porque esto es lo que dice: “el bienestar animal” designa “el estado físico y mental de un animal en relación con las condiciones en las que vive y muere” Hay que acudir al cuerpo doctrinal de esta organización para aclarar tan imprecisa definición: “Las directrices que guían a la OiE en materia de bienestar de los animales incluyen también las cinco libertades, enunciadas en 1965 y universalmente reconocidas, para describir los derechos que son responsabilidad del hombre, es decir, vivir: libre de hambre, de sed y de desnutrición; libre de temor y de angustia; libre de molestias físicas y térmicas; libre de dolor, de lesión y de enfermedad y libre de manifestar un comportamiento natural” La OiE no es una agencia de la ONU. Es una organización independiente que agrupa a 182 países y que ha sido reconocida por la Organización Mundial del Comercio (qué cosas, ¿eh?) ¿Porqué nuestros legisladores la han elegido como referencia? Para mi es un misterio y les aseguro que soy de natural preguntón. Tal vez porque no hay otra cosa mejor en eso que damos en llamar la comunidad internacional, que se va a enterar como yo averigüe cual es su Whatsap. De todos modos, ni desnucar zorros agarrándolos por la cola ni clavar arpones en el lomo de los bóvidos o untarles de pez los cuernos para alumbrar las festividades de nuestros pueblos son actividades que puedan ser interpretadas más que como lo que son: pura barbarie

https://www.mdsocialesa2030.gob.es/derechos-animales/Eventos/Anteproyecto_Ley_Proteccion_y_Derechos_de_los_Animales_220921.pdf

Los animales no son cosas ¿no?

Sea como fuere, ya me dirán qué clase de equilibrios en la cuerda floja tendrá que hacer el legislador para que la Ley salga adelante protegiendo a los animales como es su propósito acorde a las mencionadas “cinco libertades” sin abrir la puerta a la muerte súbita de la ya moribunda manifestación cultural genuina de marras o al acabamiento de la caza, esa ancestral ocupación humana tan paleolítica. El Anteproyecto ha sido elaborado por el Ministerio de Derechos Sociales y Agenda 2030 (UP) obedeciendo al Acuerdo de Gobierno de Coalición que en su Artículo 3.16 dice: “ Impulsaremos una Ley de Bienestar Animal, que garantice una relación respetuosa hacia todos los seres vivos incluyendo la revisión de la fiscalidad de los servicios veterinarios. Estudiaremos la posibilidad de establecer un delito de maltrato de animales salvajes en su medio natural y una revisión de las penas al abandono de animales domésticos, y mejoras en el control de los animales domésticos y en el control de la producción de animales de consumo” Ya les adelanto que será el enésimo motivo para que se enfrenten Unidas Podemos y el PSOE, siempre tan propenso este último a atender las distintas sensibilidades en juego y tan proclive aquélla a dejarse por el camino trámites, detalles, esquinas, matices, sobre todo en asuntos en los que, como este, hay muchas cucharas deseando entrar en el guiso.

Pero vayamos, como dice la gente seria, al contexto. El Derecho Romano distinguía entre cosas mancipables (los animales y los esclavos) y cosas inmancipables (por abreviar, las demás). Es la base del derecho de propiedad. Y así sigue en el derecho positivo europeo: los animales no son cosas pero se actúa con ellos como si lo fueran; aunque con un hallazgo reciente, que más que cambiar nada, nos convierte a parte de los europeos en inventores de categorías. En los ordenamientos jurídicos de Alemania, Austria, Suiza, Francia, Portugal y la República Checa los animales no humanos son no cosas esto es, no son personas ni cosas, aunque aún no han inventado la palabra que designe estas, tal vez, aristotélicas entelequias; bueno, sí, en Francia y Portugal, son “seres que sienten” En España, entró a trámite parlamentario a principios de octubre pasado (es de suponer que supere sin dificultad la tramitación en el Congreso enseguida) una Proposición de Ley de modificación del Código Civil para que sean considerados “seres vivos que sienten” Seguro que a los taurinos y a los cazadores les recorrió la espalda un escalofrío, tanto al menos como el que me recorre a mi cada vez que hay que demostrar obviedades: los animales sienten; tiene bemoles la cosa. Pero, aparte de estas iniciativas más o menos exóticas, es cierto que en la UE se ha legislado al respecto: la protección animal estaba ya en los Tratados Constitutivos de la Unión (concretamente en el artículo 13 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea

https://www.boe.es/doue/2010/083/Z00047-00199.pdf)

Tanto la Comisión como el Consejo han emitido Directivas y establecido convenios que tratan distintos asuntos relacionados de un modo u otro con el bienestar animal. Pero la tónica general es la ambigüedad. Vean si no lo que dice el Código Penal español en su artículo 337.1 porque todo es así: “Será castigado con la pena de tres meses y un día a un año de prisión e inhabilitación especial de un año y un día a tres años para el ejercicio de profesión, oficio o comercio que tenga relación con los animales y para la tenencia de animales, el que por cualquier medio o procedimiento maltrate injustificadamente, causándole lesiones que menoscaben gravemente su salud o sometiéndole a explotación sexual...” Finalmente, lo que digan sus señorías que saben y pueden interpretar perfectamente las normas...y los adverbios como expertos lingüistas que son, del mismo modo que interpretan cabalmente las restricciones relacionadas con la Covid, como expertos epidemiólogos y técnicos en salud pública que son.

La tramitación va en tiempo...pero hay prisas

El trámite de información pública del Anteproyecto de Ley se cerró el 15 de diciembre de 2020 y el Borrador subsiguiente se presentó a principios del mes de octubre de este año. La Ley debería haber ido al Consejo de Ministros a lo largo de este mes de noviembre, pero eso no va a suceder, me temo, dentro de este 2021. Se diría que las cosas, sin embargo y en lo tocante a plazos van, más o menos, en tiempo. ¿Porqué pues ese escrito metiendo prisa al que me refiero al principio? Lo primero sería saber de dónde sale y, según a quien se pregunte, dirá que procede, así en general, de las protectoras o grupos animalistas por usar una denominación, a mi juicio, dificilmente más desafortunada. Habrá quien diga que proviene de la Dirección General para los Derechos de los Animales, dependiente a su vez de la subsecretaría de Derechos Sociales y Agenda 2030, o sea, de la ministra Belarra directamente. Por más que lo he rastreado, no se en donde se ha redactado. Por ahí por tanto, poco que rascar y, además, creo que no es un asunto relevante, la verdad.

Es que el trámite parlamentario irá más o menos rápido pero quienes no descansan son los sectores que desean ver naufragar la norma. El primero, el taurino, aunque como ya he apuntado está destinado a su desaparición se pongan como se pongan y hagan el ruido que hagan que es mucho. Y no tanto porque acabe muriendo como tantas manifestaciones culturales (en el sentido antropológico del término) que eso lleva tiempo, sino porque todas las formas de tortura relacionadas con el toro bravo están fuertemente subvencionadas y eso es insostenible a medio plazo; el Parlamento Europeo ya rechazó en octubre pasado estas ayudas a "las cabezas de ganado cuyo destino final sea la venta para actividades relacionadas con la tauromaquia, ya sean vendidas directamente o a través de intermediarios" Ni siquiera creo que en términos electorales represente gran cosa; sí, el PP y VOX se manifiestan siempre a favor del mantenimiento de lo que ellos llaman La Fiesta Nacional y el PSOE suele mirar para otro lado, pero si mañana dejaran de celebrarse esta clase de espectáculos bárbaros, la parroquia tardaría muy poco en dejar de echarlos de menos; ya lo hemos visto en Cataluña o en Euskadi, sin contar con que hay amplias áreas en España, como Galicia, Asturias, Cantabria... en donde no hay tradición alguna. Por lo demás, el 0,16 por ciento del PIB, que es lo que representa la actividad de los toros bravos, no parece que hable de un sector motor de nuestra economía.

La caza y la ganadería son otra cosa.

En lo que respecta a la actividad cinegética, la nueva Ley solo menciona para prohibirlo el tiro de pichón y el uso de aves canoras como reclamo. Y en lo que hace a la ganadería, el Gobierno, a través del director general de Derechos de los Animales, Sergio García, ya aclaró en julio de 2020 al sector que la futura Ley de Bienestar y Protección Animal, ...”que ha creado -dijo- mucha preocupación al hablar de los derechos de los animales, que “...esta medida se referirá solo a los animales de compañía (para el director general las rehalas de perros son eso, de compañía) y no a la ganadería” Y entonces ¿porqué la actividad tras las bambalinas del lobby de los cazadores y la potente industria cárnica, especialmente la que se basa en la ganadería intensiva, es tan frenética si se les trata con guante blanco? Pues porque ven, como ve cualquiera, que una Ley ambiciosa sería un paraguas para quien quiera denunciar, aquí o en Estrasburgo, las condiciones espeluznantes de los mataderos, las monterías, el hacinamiento de los animales en las granjas, la invasión de los escopeteros en las fincas no valladas, etc,etc, estén previstas de modo explicito o no tales conductas en la nueva norma, de modo que tratan de vaciarla de contenido como sea. Para los taurinos, los ganaderos y los cazadores, la mejor Ley es ninguna. Y lo demás son zarandajas

¿Y porqué los llamados animalistas se movilizan? Pues porque el ministro Planas no les recibe ni les contesta las cartas que le mandan y más de una vez ha puesto ojitos a cazadores y ganaderos.

lunes, 22 de noviembre de 2021

La Justicia prolonga el calvario de los niños abusados sexualmente

 


Seguro que se acuerdan de cuando teníamos fe en la Justicia hasta el punto de creer que, aunque lenta, estábamos a salvo de los desmanes de los políticos irresponsables y corruptos y de los sinvergüenzas en general. No hace tanto. Luego supimos que, al margen de nuestra democrática ingenuidad, estábamos muy desinformados, a veces por propia dejadez, en parte por ser objeto de manipulación de no pocos medios de comunicación... o lo que sean. Hoy ya sabemos que si la manzana puede ser aprovechada por este lado a pesar de que obviamente está pasada por este otro, eso no hace que la fruta esté medio sana; por el contrario, ya está ganada por la gusanera; es cuestión de tiempo y, a veces de las condiciones ambientales, que vaya a más. Si el Tribunal Supremo o el Constitucional, o algunos jueces emiten sentencias obedeciendo a intereses que no son la estricta y honesta interpretación de las leyes, eso es un síntoma inequívoco de que el sistema judicial está podrido.

Pero más allá del lawfare (hay quien lo ha definido como “el nuevo golpismo”) sucede que la estructura de la administración de Justicia en España hace aguas en lo que respeta, por ejemplo, a la libertad de expresión, la violencia machista o la ejecución de las sentencias por impagos relacionados con la vivienda sin que parezca importar nada a esos jueces (o quizás, sí les importa: vean la extraordinaria serie de Movistar+ “Antidisturbios”) que haya o no alternativa habitacional para quien es lanzado de su casa sin contemplaciones. A mi juicio, esas disfunciones que acabo de mencionar, tienen un origen a todas luces ideológico o se explican meramente por la corrupción. Pero hay otros problemas que devalúan gravemente la administración de justicia y proceden más bien de la apatía, de la falta de cuidado, de la negligencia o, lo que es peor, del alejamiento que el aparato judicial muestra respeto a los ciudadanos objeto del Derecho. Tal vez lo que más degrada sea precisamente esto último, la abulia cuando se trata de personas especialmente vulnerables. Es el caso que ya les cuento.

La Justicia desatiende a los menores

He esperado deliberadamente unos días hasta ver la cobertura que los medios de comunicación han dedicado a un estudio realizado por Save the Children sobre el tratamiento que la Justicia española dispensa a los abusos sexuales contra los niños, presentado en rueda de prensa la semana pasada. Ya les digo que no se molesten en buscar porque tal cobertura se limita a algún suelto en prensa y unos segundos en radio o televisión seguidos de imágenes del volcán de La Palma, de los descerebrados que reivindican su derecho a contagiar y contagiarnos la Covid y el careto de un especímen, admirador de Pinochet, que va disparado en las elecciones de Chile, que tiene narices la cosa...y tertulias, muchas tertulias como un circo de múltiples pistas. El Informe tiene tan solo 12 páginas y lo pueden encontrar en https://www.savethechildren.es/ Contiene análisis del tipo de denuncia, del carácter de esta clase de violencia, etc, pormenores sobre los que en esta oportunidad no me voy a detener.

Es el caso que la ONG, con el apoyo de la Clínica Jurídica de la Facultad de Derecho, Campus Tarongers de la Universitat de València, ha estudiado 394 sentencias dictadas en casos de abusos sexuales cometidos hacia la infancia entre 2019 y 2020 y el desarrollo de los procesos de los que son colofón.

Cuando se detecta un caso de abuso sexual, se inicia un proceso judicial muy doloroso para la víctima. Comienza un proceloso camino que dura al menos dos años -los hay que se alargan hasta los cinco- y comporta, por ejemplo, múltiples declaraciones ante diversos actores. Los niños y niñas declaran de media cuatro veces lo que les ha ocurrido y esto significa, obviamente, que cuentan su historia a distintos profesionales. Reviven por tanto el abuso y, además -son niños, no lo olvidemos- no es improbable que la credibilidad del testimonio resulte perjudicada por eventuales contradicciones. El proceso suele empezar en dependencias policiales o de la Guardia Civil, continúa con pruebas periciales y una intervención ante la Fiscalía, y luego el juicio; como se comprenderá fácilmente no son escenarios precisamente amables por más que los interlocutores de los pequeños se esfuercen (a veces) en serlo. La asistencia del menor a juicio podría evitarse si los testimonios se grabaran, pero en un 77,3 por ciento de los casos no se hace; ¿porqué? Ya les dije que la cosa iba de abulia y desinterés. Save the Children considera que el Modelo Barnahus (Casa de los Niños), ideado por Bragi Gudbrandsson y aplicado en su país, Islandia (no desesperen, en Vitoria Gasteiz se está estudiando su implantación) es un extraordinario avance: se trata de un espacio amigable para la infancia en el que están integrados los servicios sociales, sanitarios, educativos, policiales y judiciales para atender desde lo social y lo judicial a los niños y las niñas víctimas de violencia sexual en un mismo lugar.

El problema no se resuelve naturalmente con la creación de espacios físicos adecuados. Hace falta formación y la ONG afirma que la mayoría de los profesionales del ámbito de la Justicia todavía no han recibido entrenamiento especializado en derechos de infancia y en violencia contra los niños y las niñas: “Aún estamos muy lejos de la especialización de los y las profesionales del ámbito de la Justicia que intervienen en las decisiones que afectan a la infancia: judicatura, abogacía, fiscalía, medicina y psicología forense, entre otras. Es necesaria la formación específica y adaptada tanto de estos profesionales como de aquellos que intervienen durante todo el proceso (psicología forense, medicina forense, fiscalía, cuerpos y fuerzas de seguridad, etc.)”

Hay movimiento pero no es en la Judicatura

La situación es la descrita por Save The Children, pero no todo son malas noticias: en junio de este año se aprobó la Ley Orgánica 8/2021 de Protección Integral a la Infancia y Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI). En ella se determina que el Gobierno debe elaborar un Proyecto de Ley para la especialización “de los órganos judiciales y sus titulares, en la instrucción y enjuiciamiento de las causas penales por delitos cometidos contra personas menores de edad” Veremos, pero hay muchas voces que advierten sobre que la prioridad ha de ser prevenir sobre todo la victimización secundaria. Solo que tales voces proceden de los ámbitos de la asistencia social y para nada de la Judicatura; he buscado pronunciamientos del Consejo General del Poder Judicial y de las asociaciones de jueces al respecto sin suerte. Urge sinembargo, porque el problema es de una gravedad extraordinaria: las cifras oficiales hablan de más de 5.800 denuncias en 2020 (Ministerio del Interior) pero cualquiera que trabaje en este terreno (Defensor del Menor, UNICEF, Observatorios, etc) baraja estimaciones que consideran ese dato apenas la punta del iceberg puesto que las denuncias no son mucho más que el 10 por ciento de los casos reales. Es un drama oculto que sucede a menudo en el ámbito doméstico y no entiende de clases sociales. Y, lo que es peor, ha crecido significativamente en España en la última década.

jueves, 18 de noviembre de 2021

La Filosofía también es un arma cargada de futuro con que te apunto al pecho


La Filosofía es la responsable de todos los hallazgos de la Revolución francesa según dejó dicho Hegel. Y ¿debemos creer a Hegel? Ayer en un acto de la Universidad Complutense de Madrid me reía porque el profesor Carlos Fernández Líria afirmó que “si lo dijo Hegel, punto redondo”

Pero aparte las risas, recordemos, por ejemplo, otros argumentos de autoridad: Bruno Bauer (1809-1882) que fue profesor de un joven Marx, hablaba de la naturaleza jacobina del pensamiento de Hegel e incluso hacía chistes sobre los heglerianos, asegurando que, más que alemanes, eran revolucionarios franceses. Nietzsche pensaba, y así lo escribió en varias ocasiones, que Hegel era el representante más fiel en el campo filosófico de la Revolución Francesa; decía que había “tanto esprit francés en Hegel que era difícil definirlo como un verdadero alemán”

No le demos más vueltas, yo sí creo a Georg Wilhelm Friedrich Hegel; me basta con saber que es suya la siguiente frase que es en sí misma una explicación y un propósito: “La historia es el progreso de la conciencia de la libertad” (Lecciones sobre la Filosofía de la Historia Universal, 1830; Alianza Ensayo tiene una edición muy cuidadapero si, además, tipos más listos que yo lo dicen, santa palabra: es la Filosofía (no la Ciencia, ni la Teología y, por supuesto, no la Economía) la responsable de algo que empieza con la toma de la Bastilla y se mantiene y se engrosa con hallazgos en el tiempo hasta impregnar nuestra vida cotidiana. ¿Cuales son tales hallazgos? No hará falta que los enumere supongo -aunque en estos tiempos de involución cualquiera sabe- bastará con recordar la separación de poderes o eso que damos en llamar el estado de derecho o las libertades ciudadanas, o los derechos ciudadanos; sí, también la propiedad privada y la iniciativa individual; sí, también eso que en la era de la especialización (“pompas de mierda” decía Francis Picabía con cruel sarcasmo que son los especialistas y los profesionales) resulta para no pocos una cosa rancia: los saberes enciclopédicos.

¿Que a qué viene este exordio?¿A que hoy es el tercer jueves del mes de noviembre y, por tanto, según Naciones Unidas, el Día Mundial de la Filosofía? Pues sí, pero ya verán que hay algo más y es cercano, concreto.

A mi lo de celebrar el día mundial de esto y de lo otro, la verdad es que no me motiva demasiado pero viene al caso que les diga, por si no lo saben, que la Unesco decidió marcar esta efemérides por algunas razones que merece la pena recordar. En la documentación elaborada al efecto por la Agencia en 2005 se dice: “Muchos pensadores afirman que el ‘asombro’ es la raíz de la Filosofía. De hecho, la Filosofía proviene de la tendencia natural de los seres humanos de sentirse asombrados por sí mismos y por el mundo que les rodea. La Filosofía nos enseña a reflexionar sobre la reflexión misma, a cuestionar continuamente verdades ya establecidas, a verificar hipótesis y a encontrar conclusiones. Durante siglos, en todas las culturas, la Filosofía ha dado a luz conceptos, ideas y análisis que han sentado las bases del pensamiento crítico, independiente y creativo” Para 2021 la Unesco propuso abrir “el debate sobre las diferentes interacciones de los seres humanos con su entorno social, cultural, geográfico y político, con el objetivo subyacente de comprender mejor la contribución de la filosofía en unas sociedades contemporáneas que se enfrentan a serios desafíos. Más concretamente, el desafío de la pandemia. La filosofía, y más aún la filosofía intercultural, se preocupa por el contexto y, por tanto, en su esencia misma, de la transformación de la sociedad”

Si a ustedes les parece que las anteriores alusiones tienen un cierto aroma rancio, ahí va lo más de lo más, las cosas que dice el Marc Márquez del pensamiento, Markus Gabriel, el chico de moda de la Filosofía mundial, autor de “Ética para tiempos oscuros. Valores universales para el siglo XXI” (Traficantes de Suelos 2021Estuvo en la Fundación Juan March (El suplemento El Cultural hizo una buena crónica de su intervención que les recomiendo: https://elcultural.com/markus-gabriel-el-trato-que-recibe-la-filosofia-en-espana-es-un-crimen-contra-la-humanidad) a principios de este mes y nos previno de que "la humanidad entera está viviendo una situación extremadamente filosófica, pues nos encontramos en crisis a varios niveles. La pandemia, la crisis climática, la crisis geopolítica en Occidente, la crisis del humanismo frente a la inteligencia artificial, la crisis del saber, la de la esfera pública…” Retos inmensos que en España, dice Gabriel, no nos estamos tomando en serio hasta el punto de que “...la Ley de Educación arrincona y desprecia la Filosofía y el resto de las Humanidades. Lo que me han contado que ocurre en España con la Filosofía en el mundo educativo es simple y llanamente un crimen contra la humanidad. Y estoy hablando en serio” Toma y toma.

Pero ¿a qué todo este alboroto sobre un problema cardinal que en realidad no existe puesto que las televisiones no se ocupan de ello? No me imagino yo a Antonio García Ferreras cerrando su circense magazin diario cambiando su carismático “más periodismo” por “más Filosofía, seguimos, resistimos” para dar paso al Informativo de mediodía ¿Qué es lo que tiene encampanados a los filósofos españoles (a los que están conservados en formol, no) entonces, tanto que ya anuncian movilizaciones -sí, los filósofos también saldrán a la calle tras una pancarta- para el mes que viene? Pues la, a su juicio, escasa presencia de la asignatura de Filosofía en el currículo que prepara el Ministerio de Educación para la Educación Secundaria Obligatoria en desarrollo de la Ley Orgánica de Modificación de la LOE, la LOMLOE o Ley Celaá. Aclarar, aunque es solo una cuestión formal, que la norma no sustituye a la Ley Wert ya que no hace falta porque esta quedó paralizada en su desarrollo por el adelanto electoral de 2018; es por tanto modificación de la Ley Orgánica de Educación de 2006.

En honor a la verdad, en la Proposición no de Ley de 2018 que está en el origen de la LOMLOE, los partidos que apoyan al Gobierno acordaron que en el desarrollo de la futura Ley Orgánica habría un ciclo completo de Filosofía en la ESO y en Bachillerato. Ahora tal tratamiento desaparece en la Secundaria. Como este asunto parece que interesa a poca gente, no se habla del malestar (otro más) de UP en el seno del Gobierno, pero haberlo, lo hay. Al acto En Defensa de la Filosofía de la Complutense que mencioné al principio estaban invitados representantes de todos los partidos políticos; solo estuvieron los de Unidas Podemos y Más País.

La propuesta de curriculum del Ministerio incluye Historia de la Filosofía en 2º de Bachillerato como obligatoria, pero propone Filosofía en 4º de la ESO como optativa si es que cada Comunidad Autónoma decide que lo sea (si no, no la hay, es su prerrogativa) y una asignatura nueva que se llama “Valores Cívicos y éticos” en la que algunos ven un remedo de sobaquillo de la desafortunada Educación para la Ciudadanía. Que no es que no sea necesario enseñar en valores ciudadanos, dicen los profesores con los que he hablado, “pero sin hacer trampas y sin rebajar la entidad de la Ética, Filosofía finalmente”. Dicen estos profesores que casa muy mal el hecho de que en la propia Ley Orgánica se mencione en varias ocasiones la necesidad de fomentar la reflexión y el espíritu crítico y luego se devalúen las herramientas que sirven para eso, precisamente cuando los chicos y chicas tienen 16 años, el momento clave para que tomen conciencia y aprendan qué es ser un ciudadano responsable; temen que si esas personas no continúan sus estudios en el Bachillerato, ya no tendrán posibilidad de formarse como tales ciudadanos.

Hay quien, incluso, más que incompetencia, ve fantasmas que tal vez no lo sean tanto. Hay quien, a sabiendas de que el tiempo dedicado a formar y formarse es limitado, si se produce una descompensación en la adquisición de conocimientos, eso es así porque obedece a razones ideológicas. ¿Qué quiere decir que se dediquen, por ejemplo, más horas lectivas al emprendimiento que a la capacidad de discernir la moralidad o no de algunas prácticas empresariales? El profesor Fernández Liria lo dijo ayer con gracia malvada: ¿Qué es un emprendedor sino un obrero en pelotas, sin sindicatos, sin protección social...? No hubo nadie para desmentir todo esto porque, como ya dije, los políticos salvo dos no estuvieron en la Facultad ayer. No se extrañen, comentó alguien, la Filosofía les parece algo inútil y es paradógico, porque negar su utilidad, ya es en sí mismo una filosofía.

Doctores tiene la Iglesia. Por eso me abstendré de opinar sobre todo esto, salvo para decir que el problema no es baladí. A ustedes, lectores, les corresponde tomar posición sobre este problema aunque apenas lo vean reflejado en los medios de comunicación; les concierne, ya lo creo que les concierne, a ustedes y a sus hijos. Tal vez nos ayude a todos a la hora de comprender la dimensión del problema algo muy simple como suelen ser las grandes aportaciones del pensamiento. En el acto de ayer estaba Adela Cortina, esa mujer menuda a la que tanto admito. Ella tuvo una breve intervención brillante como todas las suyas, para decir que a lo largo de su ya larga vida ha visto cómo la Filosofía entra y sale del curriculum y siempre se ha preguntado porqué; tal vez sea -dejó caer como quien no quiere la cosa- que la Filosofía sirve, precisamente para estar preguntando y preguntándose siempre porqué.